Miguel Morales, el Tipógrafo Huraño: “Soy un poeta por naturaleza”

Por Alex Choque.

Cerca de Manuel Antonio Matta y Avenida Angamos me encuentro con Don Miguel Morales, seguramente su nombre no le debe generar nada en lo absoluto. Para algunos, un simple extraño, para otros, un figura que de tanto en tanto ven en las calles de Antofagasta, siempre con sus libros y su sombrero. Pero para unos pocos, se trata de un personaje familiar, un hombre cercano y soñador, un artista en toda la extensión de la palabra.

De origen sureño, nació en una comuna llamada Capitán Pasen, “una cosa chiquita” -como diría don Miguel-, en la novena región de la Araucanía. Creció en Angol, y a los 18 años viajó a Santiago, por motivos de trabajo, como tipógrafo. También se desempeñó como operario de imprenta, pero sus versos estuvieron siempre presentes, escribiendo de forma solitaria durante todos esos años: “Soy Poeta por naturaleza”, sentencia.

A llegar a su actual cuidad, Antofagasta, don Miguel me cuenta que se despeñó en distintas imprentas, llegando incluso a tener una imprentita como recuerdo de su oficio de tantos años.

“El Tipógrafo Huraño”, como es conocido el poeta local, cuyo nombre pareciera encajar con su reservada personalidad, es un vivo reflejo del paso del tiempo y del olvido. De mirada gastada, aunque con una inquietante tranquilidad, me dirijo a él para empezar esta conversación.

¿Cómo fue que aprendió el oficio de la tipografía e imprenta?

“A los 18 años conocí el oficio de la tipografía en una imprenta en Angol, llegué por casualidad, había una imprenta que necesitaba un ayudante y me fui para allá. Fue entonces que aprendí y con este oficio después me fui a Santiago, donde trabajé muchos años en tipografía y encuadernación.”

-Don Miguel explica que la tipografía es un sistema de impresión muy tradicional, y que pese a la llegada de la tecnología moderna, aún sigue existiendo.

“La tipografía aún sigue viva, yo tengo una imprentita en casa y con esto imprimí mi último poemario, me demoré como seis meses en imprimirlo, hoja por hoja.”

¿Cuál fue su primer acercamiento a la poesía?

“Yo publique el año 1965 el primer poemario, es pequeñito, tiene como 11 poemas, yo siempre he escrito desde cabro chico, cosas que van quedando por ahí, pero no todas se publican. Cuando era más pequeño, en tercer grado de preparatoria me decían el poeta, por la cara y porque hablaba como tal. Hacia las mejores composiciones con la profe de castellano.”

-Resalta el viejo poeta, con un gesto de humildad que no sé cómo interpretar.

¿Es necesario tener una base, referentes o maestros para ser un buen poeta?

“El poeta debe tener una disciplina de trabajo, y una curiosidad por lo que han escrito poetas mejores que él, tiene que tener una cierta cultura poética, saber cómo escriben poetas argentinos, peruanos, de centro américa, y estar más o menos al tanto, sin desconocer la cultura poética de Europa. Hay algunos poetas que se pueden considerar maestros de uno, pero tampoco hay que creerles demasiado el cuento.”

“Yo por ejemplo a los 15 años me encontré un libro de Pablo de Rokha, me gustó y después me pasé a Huidobro y también conocí un poco de Neruda, es importante un acercamiento.”

¿Cuál es su visión como poeta, ha cambiado en estos años?

“Hay poetas que nunca han escrito un verso, que ven la vida de otra manera, más romántica, como más humana. En un comienzo mi poesía era romántica, y después me pase a la parte social, pero no netamente política. Hablo de los seres humanos, los hombres dentro de un país necesitan más justicia social, y eso es en lo que yo insistí en muchos poemas en un comienzo. No soy precisamente una persona de extrema izquierda, pero sí tengo esa tendencia a pensar y desear que esa gente trabajadora tenga más dignidad.”

-Aquella convicción en sus palabras, evidencian un leve desgaste a causa de los años.

¿Cómo vivió el antes y después del golpe de estado, siendo una persona de tendencia izquierdista?

“No soy militante, pero siempre colaboré mucho con la izquierda en los tiempos de Salvador Allende. Yo era allendista respectivamente, pero no pertenecí al partido socialista ni al comunista.”

“Por esos años había un síntoma en Chile, un síntoma de que algo iba a suceder. Por ejemplo, el año 68 aparecieron los primeros miristas, eran unos niños bonitos del barrio alto, no había ningún proleta y de la noche al mañana asaltaron un banco, ¿para qué quieren asaltar un banco esos gallos si son ricos?, querían hacer la revolución en chile, pero fue un movimiento nefasto, perjudicaron a Salvador Allende. Él había tenido varios intentos de ser un presidente socializante, no comunista ni revolucionario, él quería hacer una revolución democrática, como la que trató de hacer Pedro Aguirre Cerda o Juan Antonio Ríos, pero tuvo mala compañía.”

“Por ejemplo, la influencia de la revolución cubana, en la cabeza de los jóvenes, fue nefasta porque era imposible conquistar América Latina completa. Fue un romanticismo político sin sostenimiento de nada, hubieron muchos políticos que querían convencer a Salvador de hacer una revolución armada. Yo lo lamento por él, hubiese sido un buen presidente si lo hubiesen dejado gobernar dentro del movimiento democrático, todas esas cosas yo las viví cuando era más joven”

¿Hoy en día quedan cosas inconclusas que quisiera terminar?

“Indudablemente, quedan muchas cosas inconclusas, por ejemplo, yo tengo a medio imprimir la segunda parte de las “Breverías”, pero por lo menos me demoraré unos seis meses más trabajando todos los días. Me gustaría terminar eso y después hacer unos poemas sueltos. Ya ahí se completan las 1000 breverias, porque efectivamente son mil, están todas hechas, pero falta imprimir la mitad, tendré unas quinientas ya imprimidas.”

-Un leve silencio parece advertirme que aún queda mucho por hacer, no obstante don Miguel sonríe y parece contento por su respuesta.

¿Cuál es el legado que quiere dejar?

“Yo no me considero un gran poeta, soy un poeta por naturaleza y no me interesa ser conocido, lo importante es dejar en el tiempo una huella impresa. Yo sé que en 100 años más alguien encontrará algún ejemplar mío, lo leerá y le gustará, entonces la huella encontrara sentido. “

¿Cómo se ve en unos cinco o diez años más?  ¿Cree que está pasando por un buen momento o está a la espera de algo mejor?

“Yo estuve quince años vendiendo libros en la casa de la cultura, pero después me aburrí porque es muy difícil para un viejo solo tener una Librería, con un local abierto, porque después unos se convierte en víctima, entran a cada rato a robarle descaradamente.”

“En mi caso, yo soy una persona sin futuro, yo me hago la idea valiente y tranquila de que en unos tres o cuatro años no estaré en este mundo, tengo 77 años y estoy tirando mis últimos cartuchos. Hoy escribo muy poco, para decir verdad me dedico más a leer, yo creo que con las cuatro o cinco publicaciones que he hecho basta, para mi caso basta. Hay otros poetas que tienen mucho éxito, que son muy conocidos, pero a mí no me importa.”

 “Yo me conformo, hay un grupo de gente que me tiene cariño, gente joven que es como una ganancia. Eso es muy hermoso y grato, tener el cariño de la gente joven y de otra gente no tan joven que también le gusta lo que yo escribo. Entonces con eso qué más po’.”

-Al terminar, su rostro pareciera estar más relajado, con un tono bajo, pero pleno, se despide. Tal vez todos estos años han desgastado a ese hombre huraño. Me resulta contradictoria aquella imagen de viejo esquivo, ya que en su mirada aún persiste el rastro de sus mejores años. Aun resiste el alma inquieta, aún se esmera el poeta, aun está presente.

 Soy testigo y aguardo en sus palabras, porque puedo percibir en su aliento, un fuerte deseo de existencia. Su gastada casaca y sus arrugados pantalones son sólo signos, una suerte de envoltura, pues los años que le quedan, darán paso al nuevo poeta, mientras que el viejo huraño estará en aras de emprender una nueva existencia.