Especial Lollapalooza: Metallica, The 1975 y Rancid devastaron la primera jornada
Por Guido Rojas Olave.
Con siete ediciones en nuestro país, Lollapalooza Chile continúa siendo una experiencia que debes vivirla para entenderla: Un fin de semana entero de música, con variados escenarios recibiendo una lista extraordinaria de referentes de los sonidos internacionales y propios de nuestro país. Es un festival de magnitud internacional que encontró un nuevo hogar en el Parque O’Higgins en el 2011, y que año a año nos promete postales para el recuerdo a miles de personas.
La jornada de este sábado estuvo sellada por la fuerza de las guitarras, con la apariencia de un escenario que estuvo dedicado claramente al rock más pesado, pero como todo festival de categoría, de la misma manera se encargó de ofrecer una selecta parrilla de artistas que pasaron por la electrónica, el pop, el indie, el R&B, la cumbia y el revisionismo ochentero.
Villa Cariño y La Pozze Latina fueron encargaron de abrir los fuegos con espectáculos que parecían diseñados para encender los motores rápidamente, no obstante la potencia de Weichafe fue la que definitivamente dio el arranque a este Lollapalooza.
Por otra parte, los californianos Silversun Pickups inauguraban la tarde (y parrilla de artistas internacionales) en el Acer Windows 10 Stage con su rock veraniego y melancólico, en un show plano pero levemente efectivo que no tuvo muchos matices y que tampoco acaparó mucho la atención, pero que remedió con la actitud sonriente y genuinamente gratificada del frontman Brian Aubert.
Lo mejor estaba por venir. Pasadas las 5 de la tarde, Cage The Elephant se presentó por tercera vez en un escenario de Lollapalooza Chile, y como es costumbre conquistaron a un público mucho más numeroso que el de sus anteriores visitas a base de su contagioso desplante escénico, desatando unos sorpresivos coros intensos pese a no ser una banda destacada por su presencia en las radios.
A la misma hora, Bomba Estéreo daba cátedra en una presentación a las que ya nos tienen (bien) acostumbrados y pudimos disfrutar cuando visitaron Antofagasta: Ritmos urbanos y fiesta a base de electrónica tropical y el carisma de la gran Liliana Saumet.
El show más esperado de la tarde y probablemente uno de los mejores que hemos visto este fin de semana vino de la mano de The 1975, grandes ídolos de la nueva música británica que cuentan con un respetado “boom” en nuestro país, pero que para varios asistentes en el Parque O’Higgins eran auténticos desconocidos. Probablemente ese momento no dure por mucho tiempo: Desde los primeros acordes de su single “Love Me”, la agrupación liderada por el frenético frontman Matthew Healy (que parecía una mezcla entre la actitud altanera de Liam Gallagher con los movimientos de Jarvis Cocker) puso en trance a los asistentes, con un contagioso repertorio de himnos de estilo ochentero que destilaban la influencia de grupos como Soft Cell, Culture Club y Duran Duran (otros invitados de esta edición 2017).
Seguramente uno de los actos más exaltados del día era Rancid, íconos del punk melódico californiano que pese a contar con una fanaticada numerosa en Chile, esta era su primera vez en nuestro país. Tim Armstrong y los suyos se encargaron rápidamente de hacer valer el tiempo perdido: Arrancando con “Radio” y cerrando con el himno “Ruby SoHo”, el cuarteto provocó una de las reacciones más devastadoras que se hayan visto durante todo el festejo, desatando ineludibles mosh pits entre los presentes que coreaban cada canción como si su vida dependiera de ello. Costó traerlos, pero su show con los chilenos probablemente quedará en la memoria.
Algo totalmente distinto pasaba al otro lado del parque con la sueca Tove Lo, uno de los números netamente pop de la parrilla de artistas, que con sólo dos discos convocó a un impresionante número de fanáticos en el escenario alternativo y los mantuvo en estado de fiesta con sus canciones pegajosas, una actitud rebelde y sensuales movimientos. En efecto, regaló un topless a los presentes, supuestamente impulsado por el estado casi de trance que logra cuando interpreta sus intensas canciones.
Es verdad, un festival no es nada sin sus “cabezas de cartel” y Lollapalooza concluía su primer día con dos polos opuestos pero increíbles en sus respectivas esquinas. Por un lado, los británicos The xx volvían a Chile como imprevistas estrellas consolidadas del R&B alternativo (su última visita fue en el centro de eventos Chimkowe, no exactamente un recinto de alta convocatoria). 3 discos bajo el brazo les bastaron para montar un show enigmático y sofisticado, con canciones que corearon por su intensidad emocional, arreglos evidentes y la química profunda entre sus miembros. Mención honrosa para el productor, tecladista, hombre de los sintetizadores y percusionista que es Jamie xx, cuyos beats extensos y rítmicos son el arma secreta de la banda y sus shows en vivo.
Sin embargo, eso fue casi un limpiador de paladar para el plato fuerte del día. Desde el comienzo del día se veía que una buena parte de los presentes en el parque vestían orgullosos sus poleras de Metallica, dejando en claro cuál sería el acto más coreado del festival. Los héroes del thrash metal llegaron por quinta vez a nuestro país con un aire de triunfo que se tradujo en un show sinceramente aplanador. Como buenos veteranos de la industria, James Hetfield y compañía son fundamentalmente incapaces de dar un concierto que no sea placentero, pero el éxito de su reciente disco Hardwired…To Self-Destruct (2016) parece haberlos retrocedido en el tiempo de una manera que los hace sonar como si todavía fuesen unos jóvenes de San Francisco con ganas de devorarse al mundo.
La franqueza de Metallica en su nuevo material llevó a que las 5 canciones del disco contenidas en el setlist se combinaran de forma fluida con clásicos como “One”, “Sad But True”, “Master Of Puppets” y el cierre con la coreada “Enter Sandman”. Durante todo el concierto, Hetfield se refirió al público como ‘familia’ y a nuestra capital como “Santi”, señales de lo cómodo que se siente el cuarteto en el escenario y el conocimiento de sus fanáticos. Finalmente aparcieron los fuegos artificiales que dieron fin a la jornada, un regocijo que te lleva a aplaudir a uno de los mejores espectáculos de hard rock del planeta.
Como suele pasar, Lollapalooza 2017 dio la oportunidad de disfrutar con actos consolidados en todo el mundo y descubrir cosas nuevas. Jamás habrá un cartel que satisfaga a todo público y cada edición será una experiencia distinta, pero se mantiene: Al final del día, los que amamos la música nos vamos del Parque O’Higgins con una sonrisa eufórica y ganas de más.